La reportera que venció a Verne y dio la vuelta al mundo en 72 días
Nellie Bly nació como Elizabeth Jane Cochran en 1864 y desde muy joven mostró una determinación poco común. Su carrera comenzó casi por accidente, cuando escribió una carta anónima al editor del Pittsburgh Dispatch para reclamarle un texto misógino. Su estilo llamó tanto la atención que tuvieron que buscarla mediante un anuncio. Ahí nació su seudónimo y la figura que más tarde redefiniría el periodismo moderno.
En Nueva York ingresó al New York World de Joseph Pulitzer, donde recibió un encargo tan riesgoso como decisivo: infiltrarse en un manicomio para mujeres y comprobar si los abusos denunciados eran reales. Fingió amnesia, provocó un escándalo y terminó internada. Diez días bastaron para documentar maltratos, hambre, encierros injustificados y condiciones que obligaron a las autoridades a modificar su política sanitaria. La publicación de sus notas la convirtió en una reportera temeraria, capaz de llegar a donde nadie más se atrevía.
La vuelta al mundo que cambió la historia
En 1889 pidió un desafío mayor: demostrar que la célebre vuelta al mundo imaginada por Julio Verne podía hacerse en menos de 80 días. El diario dudó, pero ella insistió. Partió de Nueva York con lo mínimo indispensable y una ruta abierta que incluía una escala especial: visitar al propio Verne en su casa de Amiens. El escritor la recibió con curiosidad y le advirtió que, si lograba la hazaña, la felicitaría públicamente.
A partir de entonces, Nellie encadenó trenes, barcos y retrasos imprevisibles. En los puertos le inventaban historias: que era millonaria, que estaba enferma, que buscaba marido. En Asia se enteró de que otra periodista competía con ella por completar el trayecto primero. En medio de tormentas y trasbordos, siguió adelante sin perder tiempo.
Pulitzer, consciente del impacto mediático, mandó preparar un tren privado para acelerar su llegada a la costa este. En cada estación la recibían multitudes, como si se tratara de una heroína moderna. Finalmente, el 25 de enero de 1890, tres jueces detuvieron los cronómetros: 72 días, 6 horas y 11 minutos. Verne cumplió su palabra y la elogió sin reservas.
Con el éxito, Nellie se convirtió en una celebridad. Años después se casó con el industrial Robert Livingston Seaman y administró su empresa, aunque terminó regresando al periodismo cuando los negocios quebraron. Durante la Primera Guerra Mundial fue corresponsal en el frente oriental, otra vez en el filo de lo posible.
Murió en 1922, a los 57 años. Su vida dejó huella en una época en que las mujeres rara vez podían viajar solas, mucho menos dirigir empresas o exponer abusos institucionales. Sin proponérselo, abrió rutas que hoy recorren periodistas de todo el mundo, incluidas las mexicanas que continúan desafiando fronteras.
