La antesala del feminicidio físico: por qué crece la violencia emocional contra mujeres

En México y en buena parte de América Latina, activistas y especialistas alertan sobre un fenómeno que suele pasar inadvertido, pero que afecta profundamente la vida de miles de mujeres: el feminicidio emocional. No se trata de un término figurado, sino de un conjunto de daños psicoafectivos, presiones y mecanismos de control que deterioran la autonomía y la salud mental, y que con frecuencia anteceden agresiones físicas más graves.

En el contexto del 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la organización Ola Violeta advierte que la violencia emocional continúa creciendo en silencio. Su reporte reciente señala que una de cada tres mujeres con pareja ha sufrido violencia física o sexual, y que más de un tercio de los asesinatos de mujeres en el mundo ocurre dentro de una relación. En América Latina, casi tres de cada diez mujeres han vivido violencia física o sexual, y a ese panorama se suma un frente menos visible pero igual de dañino: la violencia emocional como base de un ciclo de agresión continua.

Cómo opera la violencia emocional

La doctora María Elena Esparza Guevara, fundadora de Ola Violeta, define el feminicidio emocional como un proceso sostenido de daño afectivo y control que mina la estabilidad cotidiana. Muchas de estas conductas se disfrazan de preocupación o de normas de pareja, cuando en realidad constituyen señales de riesgo. Entre los indicadores más reconocidos están el aislamiento progresivo, la presión para romper redes de apoyo, el control de mensajes y contraseñas, la manipulación emocional, la minimización del éxito profesional de la mujer y los celos legitimados como cuidado. También se observan amenazas veladas sobre la integridad o la economía, así como ciclos repetidos de tensión y aparente reconciliación que nunca se traducen en cambios reales.

Estudios citados por Ola Violeta muestran que, incluso en países con altos estándares de igualdad, cuando las mujeres ganan más que sus parejas aumenta su riesgo de agresiones. El patrón se repite en distintos contextos: en México, en el ámbito doméstico; en Etiopía, donde gran parte de las trabajadoras hortícolas reportan hostigamiento; y en regiones donde el éxito femenino se penaliza social o económicamente.

Qué hacer ante una situación de riesgo

La organización plantea que reconocer estas señales es el primer paso. Luego, es clave acudir a redes de apoyo seguras: amistades, familiares, colectivos o profesionales especializados. También aconseja documentar episodios de control o violencia emocional, ya que esa evidencia ayuda a explicar la situación a las autoridades. En México, existen rutas institucionales como la línea nacional de emergencia 911, la línea Mujeres de Inmujeres y las unidades estatales de atención a víctimas. Elaborar un plan de salida, fortalecer la seguridad digital y buscar acompañamiento psicológico y jurídico especializado forman parte de una estrategia integral para recuperar autonomía.

Las experiencias de programas comunitarios en países como Bolivia o Sudáfrica muestran que, cuando se combinan educación, habilidades socioemocionales, apoyo económico y acompañamiento cercano, es posible reducir la violencia incluso en contextos adversos. El feminicidio emocional exige ser identificado y atendido desde etapas tempranas, no solo como forma de prevención, sino como una manera de proteger la vida cotidiana de quienes lo enfrentan.

Compartir

revolucionaguascalientes@gmail.com

No Comments

Leave A Comment