Wixaritari celebran reconocimiento de la UNESCO, pero exigen acciones: cancelación de concesiones mineras en Wirikuta
Pese al reciente reconocimiento de la Ruta Wixárika por los Sitios Sagrados a Wirikuta como Patrimonio Mundial por parte de la UNESCO, las amenazas sobre el territorio ancestral no han cesado. Así lo advirtió el Consejo Regional Wixárika por la Defensa de Wirikuta y los Lugares Sagrados, que exigió la cancelación inmediata de todas las concesiones mineras activas, nacionales y extranjeras, en el desierto sagrado y su zona de influencia.
En conferencia de prensa realizada en el Museo Nacional de Antropología, representantes tradicionales de las comunidades de Santa Catarina Cuexcomatitlán, San Sebastián Teponahuaxtlán, Tuxpan y Bancos de San Hipólito (Jalisco y Durango) recordaron que el reconocimiento internacional no representa un “obsequio” del Estado mexicano, sino el resultado de más de tres décadas de lucha y trabajo colectivo.
Reconocimiento sin protección es simulación
Las autoridades tradicionales recordaron que el reconocimiento de la UNESCO no detiene por sí mismo el avance del extractivismo. Por ello, exigieron que el Área Natural Protegida de Wirikuta —hoy bajo jurisdicción estatal en San Luis Potosí— sea elevada a rango federal, a fin de asegurar su conservación efectiva y un marco legal sólido frente a los intereses económicos de la minería y la agroindustria.
También demandaron que el Estado mexicano, como signatario de los tratados de la UNESCO, adopte medidas jurídicas, administrativas y financieras que garanticen la preservación real del territorio sagrado y las prácticas culturales vinculadas a él.
Peyote en riesgo: denuncian saqueo sistemático
Uno de los temas más sensibles abordados fue el saqueo sistemático del Hikuri o peyote, planta sagrada del pueblo Wixárika, actualmente en peligro por la recolección ilegal por parte de personas ajenas a su cultura. “Pedimos al Estado que este reconocimiento se traduzca en medidas concretas para detener la extracción ilegal de nuestro peyote, que está siendo comercializado y destruido sin ninguna conciencia ni respeto”, advirtieron.
Un camino espiritual y político
La Ruta recientemente reconocida por la UNESCO comprende más de veinte sitios sagrados distribuidos en los estados de Jalisco, Nayarit, Durango, Zacatecas y San Luis Potosí. Este trayecto, que sigue los cinco puntos cardinales, forma parte del sistema espiritual y territorial de los wixaritari, donde se fundan —según su cosmovisión— las esencias de la vida.
La nominación fue fruto de una larga historia de esfuerzos, iniciados desde 1994, cuando Wirikuta fue reconocida a nivel estatal como zona sujeta a conservación ecológica. En el año 2000 se le otorgó el carácter de Sitio Sagrado Natural y Ruta Cultural, y en 2004 fue incluida en la lista indicativa del Patrimonio Mundial ante la UNESCO. En 2023, se elaboró un Plan de Manejo y se emitió un decreto federal que reconoce las rutas y lugares sagrados del pueblo Wixárika y otros pueblos originarios.
No más simulación: el reconocimiento debe traducirse en políticas públicas
Los wixaritari señalaron que este nuevo estatus debe convertirse en una herramienta concreta de protección colectiva, pero también en un compromiso del Estado mexicano para reconocer la autoridad tradicional y la participación directa de los pueblos originarios en la gestión de sus territorios.
“Es necesario que se adopte una política general de protección del patrimonio natural y cultural con la participación directa del pueblo Wixárika en la planificación y el desarrollo de la región”, indicaron. Asimismo, solicitaron que se lleven a cabo estudios técnicos, científicos y antropológicos que permitan identificar los riesgos que enfrentan sus sitios sagrados y formular estrategias de conservación desde un enfoque comunitario.
Wirikuta no se vende, se defiende
El Consejo Regional Wixárika recordó que el reconocimiento internacional debe servir para blindar, no para decorar. “Estamos en una nueva etapa de lucha. El mundo nos mira, pero eso no detiene la amenaza extractiva. El Estado mexicano está obligado a cancelar todas las concesiones mineras, reconocer nuestros derechos ancestrales y garantizar el respeto al territorio sagrado de Wirikuta”.
El mensaje es claro: sin cancelación de concesiones, sin freno al saqueo del peyote y sin políticas de protección comunitaria, el reconocimiento de la UNESCO corre el riesgo de quedarse en un gesto simbólico sin consecuencias reales.
