CIHUAPIPILTIN: EL HALLAZGO ARQUEOLÓGICO QUE EXPLICA EL ESTATUS SAGRADO DEL PARTO 🏺👑

El suelo de Tlatelolco ha vuelto a hablar, revelando uno de los aspectos más profundos y conmovedores de la cosmovisión mexica: el estatus sagrado de la maternidad. El Proyecto Tlatelolco del INAH reportó el hallazgo de los restos de una adolescente, de entre 15 y 17 años, sepultada entre 1506 y 1515. Para los antiguos nahuas, esta joven no fue solo una víctima biológica, sino una «mocihuaquetzqui» (la que se yergue como mujer), una guerrera que alcanzó la divinidad tras fallecer en el campo de batalla del parto.

En la creencia prehispánica, dar a luz era equiparable a una guerra por la perpetuidad del linaje. Aquellas mujeres que morían en este trance eran llamadas «cihuapipiltin» o «cihuateteo» (mujeres divinas). Su destino no era el inframundo común, sino la «Casa del Sol» en el poniente del cielo, donde acompañaban al astro rey en su descenso diario. El entierro, localizado en el actual Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT), incluía una ofrenda ritual con malacates, figurillas femeninas y platos, además de los restos de un recién nacido.

EL RASTRO DEL LINAJE Y LA TRAGEDIA DEL CÓLERA 💀🩺

El análisis físico de los restos ha permitido a los antropólogos del INAH, liderados por Salvador Guilliem Arroyo y Miriam Camacho, reconstruir detalles íntimos de la vida de estas mujeres. La adolescente tlatelolca presentaba anomalías congénitas como el «diente en diente» y problemas cervicales, rasgos que sugieren prácticas de endogamia en los linajes locales. Por su parte, el infante mostraba signos de escorbuto, evidencia de una dieta basada casi exclusivamente en maíz y de las carencias nutricionales de la época.

Contraste histórico en Tlatelolco:

  • Reutilización de espacios: Siglos después, durante la epidemia de cólera de 1833, el Gran Basamento prehispánico fue utilizado como fosa común para enterrar a víctimas de la crisis sanitaria.
  • Madres del siglo XIX: Se localizaron restos de tres mujeres de entre 25 y 39 años sepultadas con neonatos. A diferencia del rito mexica, estos entierros reflejan la urgencia de la crisis sanitaria y el vínculo religioso cristiano.
  • El bautismo de urgencia: En el siglo XIX, si la partera detectaba peligro de muerte, debía bautizar al bebé incluso antes de que saliera completamente del vientre, una práctica que explica por qué los infantes fueron colocados en el regazo de sus madres para permanecer juntos en la eternidad.
  • Condiciones de vida: Los restos del siglo XIX muestran marcas de actividad física intensa e hipoplasia del esmalte, señales de que estas mujeres pertenecían a los sectores más vulnerables de la Ciudad de México.

Este hallazgo permite comprender cómo Tlatelolco ha sido, durante siglos, un escenario de resiliencia femenina y un refugio para los vínculos que ni siquiera la muerte logró romper.

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