SU SALA DE JUEGOS ERA UN ASERRADERO
Leslie Scott pasó su infancia en África Oriental. Su hermanito tenía bloques de madera sobrantes de un aserradero en Ghana y entre los dos inventaron un juego: apilar, sacar una pieza, ponerla arriba… hasta que todo colapsara.
Años después, ya adulta, siguió cargando esos bloques a Reino Unido. Su novio tenista y sus amigos en Oxford se volvieron adictos. Fue ahí cuando Scott supo: esto no era un juego de niños. Era un negocio 💡
💸 “MAMÁ AVALÓ MI SUEÑO CON SU CASA”
Para lanzarlo pidió préstamos. Su madre puso su casa como garantía. En 1983 presentó su creación en la Feria del Juguete de Londres…
🦗 Cero pedidos. Cero compradores.
Pero Scott no aflojó. Siguió insistiendo hasta que, dos años después, una juguetera canadiense vio el juego en un centro comercial y se enamoró.
❌ “ODIAMOS EL NOMBRE”
A la empresa le encantaba el juego… pero no el nombre. Querían cambiarlo.
Scott se plantó: “Se llama Jenga o no hay trato”.
¿Por qué tanto amor por esa palabra?
Porque creció hablando swahili. «Kujenga» significa construir. Su mamá tenía un perro llamado «Kucheza» (jugar). Así que unió la herencia, la infancia y el juego perfecto.
🏛️ HOY ESTÁ EN EL SALÓN DE LA FAMA
Scott pagó cada deuda, su madre conservó su casa y el Jenga es parte de la historia. Ella misma ha creado más de 40 juegos desde entonces.
La próxima vez que tiembles al retirar un bloque, acordate: estás jugando con la memoria de una niña, los retazos de un aserradero y una palabra que en swahili significa construir.❤️🧱