El rayo más largo del que se tiene registro recorrió 829 kilómetros en Estados Unidos
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó un nuevo récord mundial: el relámpago más extenso jamás documentado recorrió una distancia de 829 kilómetros durante una tormenta en octubre de 2017. El fenómeno atravesó cuatro estados del centro-sur de Estados Unidos, desde el este de Texas hasta las cercanías de Kansas City, incluyendo zonas de Oklahoma, Missouri e Iowa. Su duración fue de siete segundos y generó más de 100 descargas eléctricas a lo largo de su recorrido.
El anuncio, respaldado por el Comité de Extremos de Clima y Tiempo de la OMM y publicado también por la Sociedad Meteorológica Americana, subraya el avance de la tecnología satelital y las redes de sensores terrestres, que han permitido detectar y medir con gran precisión este tipo de fenómenos extremos. Michael Peterson, del Severe Storms Research Center del Georgia Tech Research Institute, fue quien identificó el evento revisando imágenes satelitales del periodo.
Este tipo de rayos, conocidos como “megaflashes”, se producen dentro de sistemas tormentosos de gran escala. Las condiciones que se presentan en las Grandes Llanuras de Estados Unidos —como la combinación de humedad, topografía y dinámica atmosférica— favorecen la formación de estos complejos meteorológicos. La región funciona como un laboratorio natural para el estudio de tormentas severas con actividad eléctrica extraordinaria.
Según explicó Peterson, este rayo no solo fue excepcional por su longitud, sino también por su estructura compleja. A lo largo de su trayecto, produjo múltiples ramificaciones desde la nube hasta el suelo, lo cual incrementa su capacidad de impacto. Aunque se conocía que los rayos podían extenderse en sentido horizontal, la distancia alcanzada por este evento superó ampliamente los registros anteriores.
El récord anterior correspondía a un relámpago de 768 kilómetros en la misma región, registrado en 2020. En cuanto al rayo de mayor duración, la OMM conserva en sus archivos uno que duró 17 segundos en una tormenta sobre el norte de Argentina y Uruguay en 2020, aunque no se desplazó una distancia tan amplia.
Los expertos advierten que estos descubrimientos deben servir como recordatorio sobre el riesgo que representan los rayos. La secretaria general de la OMM, la argentina Celeste Saulo, alertó que su impacto puede ser letal no solo por contacto directo, sino también por sus efectos en sectores como la aviación o al generar incendios. En ese sentido, subrayó la necesidad de reforzar sistemas de alerta temprana a nivel mundial.
Las recomendaciones para protegerse de tormentas eléctricas incluyen refugiarse en espacios cerrados con instalación eléctrica y tuberías, o bien en vehículos metálicos completamente cerrados. Si los rayos se perciben a menos de 10 kilómetros de distancia, la OMM indica que ya existe riesgo de impacto.
En cuanto a las consecuencias humanas de estos fenómenos, la historia recuerda dos casos trágicos. En 1975, un rayo causó la muerte directa de 21 personas en una cabaña en Zimbabue. Y en 1994, otro rayo provocó el incendio de depósitos de crudo en Dronka, Egipto, dejando un saldo de 469 personas fallecidas de forma indirecta.
El análisis que condujo al reconocimiento del récord fue minucioso. La OMM siguió un protocolo riguroso que incluyó la revisión por parte de especialistas internacionales y la evaluación de datos satelitales, sensores de superficie y mapas de descargas eléctricas. Scientific American destacó la importancia de la cooperación científica global y el uso de tecnología avanzada en este tipo de validaciones.
Peterson recalcó que estudiar estos fenómenos permite mejorar los modelos de predicción y comprensión de las tormentas severas. Actualmente, su equipo investiga no solo rayos de larga distancia, sino también aquellos que dejan carga eléctrica persistente en el suelo, lo que podría abrir nuevas líneas de investigación en meteorología y prevención de desastres.
La documentación del “megaflash” de 2017 representa un hito para la ciencia atmosférica. Además de ser una hazaña técnica, su validación subraya la importancia de seguir desarrollando herramientas de observación y modelos predictivos, sobre todo en regiones vulnerables como las del norte y centro de México, donde también ocurren tormentas severas con aparato eléctrico.
