La Amazonía brasileña registra en 2025 su menor número de incendios en casi tres décadas
La Amazonía en Brasil cerró 2025 con el nivel más bajo de incendios forestales desde que existen registros comparables por satélite. De acuerdo con datos oficiales, en la porción brasileña de la selva se contabilizaron 43 mil 33 focos de calor, una cifra 69 por ciento menor a la de 2024 y la más reducida desde 1998, año en que comenzó la medición sistemática de este indicador.
El descenso contrasta con lo ocurrido el año anterior, cuando la región enfrentó una de las temporadas más severas de incendios en casi dos décadas. En 2024 se registraron más de 140 mil focos de calor, impulsados por una sequía prolongada y por lluvias muy por debajo del promedio histórico, condiciones que favorecieron la propagación del fuego en amplias zonas de la selva.
Factores climáticos y reducción del área afectada
Especialistas señalan que la caída observada en 2025 está vinculada principalmente a condiciones climáticas menos extremas. Durante el año, los periodos de sequía fueron más cortos y menos intensos, y no se presentaron los efectos del fenómeno de El Niño, que en años previos contribuyó a una mayor escasez de agua y a un aumento del riesgo de incendios.
La disminución del fuego también se reflejó en la superficie afectada. En los primeros diez meses de 2025, el área destruida por incendios en todo Brasil se redujo 64.6 por ciento, hasta 9.9 millones de hectáreas. En la Amazonía, la reducción fue aún mayor y alcanzó 75 por ciento en comparación con el mismo periodo de 2024, cuando el fuego consumió cerca de 17.9 millones de hectáreas de vegetación, equivalentes a más de la mitad del total nacional.
A la par, los focos de calor en todo el territorio brasileño cayeron 51 por ciento en un año. Este comportamiento coincidió con una disminución en la deforestación amazónica: entre enero y noviembre de 2025 se perdieron 5 mil 13 kilómetros cuadrados de vegetación nativa, la cifra más baja para ese lapso desde 2008.
Las autoridades brasileñas han señalado que estos resultados se inscriben en una estrategia más amplia de monitoreo ambiental y control del uso del suelo, en un contexto en el que la Amazonía sigue siendo un territorio sensible a las variaciones climáticas y a la presión de actividades humanas.
