🌍 LA UE DICE ADIÓS A LOS SOBRES INDIVIDUALES DE KÉTCHUP, MAYONESA, SAL Y ACEITE EN RESTAURANTES
La Unión Europea ha puesto fecha al fin de una imagen habitual en bares y restaurantes: los sobres individuales de plástico para condimentos. Según el Reglamento (UE) 2025/40 (PPWR), a partir de enero de 2030 quedará prohibido ofrecer en sala monodosis de kétchup, mayonesa, sal, azúcar, aceite y otros aderezos, así como los minibotes de champú y gel en hoteles. El objetivo es claro: reducir drásticamente los residuos plásticos y promover hábitos de consumo más sostenibles.
📅 UN CALENDARIO PROGRESIVO CON EXCEPCIONES
La norma establece un período de adaptación para el sector:
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Enero de 2030: Prohibición total de envases monodosis de alimentos, cosméticos y productos de higiene en hostelería.
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Febrero de 2032: La Comisión Europea evaluará el impacto ambiental y sanitario de la medida.
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Excepciones: Se mantendrán las monodosis para comida para llevar y en centros sanitarios o asistenciales. Los sobres de azúcar o sal envasados en papel no están afectados.
En España, la Ley 7/2022 permite una transición adicional: el uso de envases compostables certificados como alternativa temporal, dando margen al sector para adaptarse sin interrumpir el servicio.
🔄 ¿QUÉ ALTERNATIVAS EXISTEN?
La hostelería ya explora opciones sostenibles:
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Dispensadores recargables para salsas, aceite, azúcar y productos de higiene.
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Envases compostables certificados que replican la función del plástico tradicional.
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Sistemas reutilizables en sala, como vinagreras o tarros compartidos.
Para muchos negocios, esta transición no es solo una obligación, sino una oportunidad para reforzar su imagen sostenible y reducir costes a medio plazo.
🏨 IMPACTO EN EL SECTOR: DE LA PREOCUPACIÓN A LA OPORTUNIDAD
Las reacciones son variadas. Algunos hosteleros recuerdan que las monodosis se promovieron por higiene, especialmente tras la pandemia, y critican la incoherencia normativa. Otros apuestan por soluciones compostables en lugar de prohibiciones absolutas.
Lo cierto es que el cambio requerirá inversión en nuevos sistemas y formación, pero también impulsará la innovación en un sector que ya había avanzado con medidas como las aceiteras irrellenables. El reto está en equilibrar sostenibilidad, higiene y experiencia del cliente, convirtiendo una obligación europea en una ventaja competitiva.
