La isla japonesa de los conejos: entre un pasado tóxico y el turismo masivo

A primera vista, Okunoshima parece un escenario idílico. Al desembarcar del ferry, los visitantes son recibidos por conejos que corren sin miedo entre senderos, playas y ruinas cubiertas de vegetación. La isla, ubicada en el mar Interior de Seto, se ha convertido en un destino turístico popular por la convivencia cercana con cientos de estos animales, hoy convertidos en el principal atractivo del lugar.

Se estima que entre 400 y 500 conejos habitan la isla, que no tiene población permanente más allá del personal de un hotel y algunos trabajadores. Sin depredadores naturales y con escasa vegetación, los animales dependen casi por completo de los turistas y de voluntarios que les dejan agua y alimento. Los visitantes llegan con bolsas de pellets y verduras, se arrodillan para alimentarlos y toman fotografías que circulan ampliamente en redes sociales.

Un pasado borrado del mapa
Detrás de esta imagen amable se esconde una historia poco conocida. Entre 1929 y el final de la Segunda Guerra Mundial, Okunoshima fue sede de instalaciones secretas para la investigación y producción de gas venenoso por parte del ejército imperial japonés. La operación era tan confidencial que la isla fue eliminada de los mapas oficiales. En sus fábricas se produjeron grandes cantidades de gas mostaza, además de otros compuestos químicos usados en conflictos bélicos.

Durante ese periodo, unos 200 conejos fueron utilizados en experimentos para probar la efectividad de las armas químicas. Tras la derrota de Japón, se intentó destruir evidencia de estas actividades, incluida la eliminación de animales de laboratorio. Aunque algunos visitantes creen que los conejos actuales descienden de aquellos usados en pruebas, investigaciones genéticas sugieren que es poco probable, ya que la población actual presenta una diversidad genética amplia, lo que indica que los animales fueron introducidos en distintas etapas, incluso como mascotas abandonadas.

La memoria de ese pasado se conserva en el Museo del Gas Venenoso, donde se exhiben fotografías, máscaras, uniformes y testimonios de trabajadores que sufrieron graves secuelas. Sin embargo, la mayoría de los turistas no entra al museo y concentra su visita en convivir con los animales y recorrer la costa.

Dependencia y riesgos actuales
La falta de alimento natural ha generado una situación frágil para los conejos. Sin hojas, raíces o corteza suficientes, dependen casi por completo del flujo constante de visitantes. En temporadas bajas, voluntarios acuden de forma regular para alimentarlos. También enfrentan amenazas externas, como jabalíes y cuervos, que se acercan atraídos por el alimento.

A estos riesgos se suman episodios de violencia. Entre finales de 2024 y principios de 2025 se reportó la muerte de decenas de conejos tras actos de maltrato, lo que encendió alertas sobre la seguridad de los animales y la capacidad de protección en la isla. Al mismo tiempo, especialistas han observado señales de una posible reducción de la población, asociada tanto a estos incidentes como a la disminución de turistas en ciertos periodos.

Compartir

revolucionaguascalientes@gmail.com

No Comments

Leave A Comment