Niños en China usan bots en sus relojes inteligentes para ganar poder en línea

En China, miles de niños de incluso cinco años viven conectados a un universo digital a través de smartwatches diseñados para menores. Los padres los compran para mantener comunicación constante con sus hijos y seguir su ubicación, pero los pequeños buscan algo distinto: entrar al competitivo mundo social del reloj Pequeño Genio, líder en el mercado infantil.

Estos dispositivos, que pueden costar más de 300 dólares, permiten pagar en tiendas, chatear, compartir videos, jugar y subir actualizaciones. Sin embargo, su función más popular es acumular “me gusta” en el perfil del usuario. Para muchos niños, esta cifra se ha convertido en un marcador de popularidad. Algunos acumulan cientos de miles y otros superan el millón, lo que dentro de la plataforma los convierte en figuras admiradas. No faltan los casos de menores que incluso han iniciado relaciones sentimentales a través del dispositivo.

Pequeño Genio ha gamificado casi todas las actividades posibles: desde hacer ejercicio hasta mantener conversaciones. Subir de nivel permite enviar más “me gusta” a los amigos y recibir más a cambio. Pero el sistema también ha generado comportamientos extremos. Niños buscan alianzas estratégicas, otros recurren a tutoriales en redes sociales para burlar límites diarios y algunos compran bots o cuentas antiguas para inflar su estatus. Una adolescente de 17 años llegó a ganar miles de dólares revendiendo cuentas y servicios dentro del ecosistema.

La presión es fuerte porque el reloj solo permite tener 150 contactos. Los usuarios buscan amigos “de alto nivel” que puedan enviar más likes, mientras que quienes no alcanzan ese estatus corren el riesgo de ser desplazados del círculo social, lo que ha convertido la amistad en una dinámica más transaccional que afectiva.

El crecimiento de esta comunidad ha encendido alertas. Organizaciones chinas dedicadas a la seguridad infantil advierten que la plataforma puede exponer a los menores a riesgos de acoso, estafas y contactos inapropiados. El gobierno ya trabaja en nuevas regulaciones para limitar la exposición de los niños a contenidos peligrosos, reducir el gasto dentro del reloj y controlar la adicción digital.

El caso de Yuanyuan, una niña de ocho años de Pekín, ilustra el impacto emocional. Su madre, inicialmente reacia a comprar el reloj, cedió por presión social. En poco tiempo, la niña se volvió dependiente del dispositivo, revisándolo apenas despertaba para personalizar su avatar y enviar likes. Al notar la obsesión, su madre impuso límites, lo que generó molestia y resistencia por parte de la menor, que incluso rechaza responder llamadas cuando está jugando.

Mientras miles de familias discuten los beneficios y riesgos de esta tecnología, crece la inquietud por el tipo de dinámica social que está moldeando a una generación que utiliza un reloj no solo para comunicarse, sino para competir por atención y estatus en un universo donde las reglas las dicta un algoritmo.

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