Más apoyo al productor local, nuevas reglas para importar comida en México

A partir del 1 de enero de 2026, México volverá a aplicar aranceles a diversos alimentos de consumo cotidiano como carne de res, carne de cerdo, leche, arroz en cáscara, frijol, aceites vegetales y embutidos. La decisión quedó establecida en un decreto emitido por el gobierno federal y marca un cambio relevante en la política comercial reciente, que durante los últimos años había privilegiado la eliminación temporal de gravámenes para contener la inflación.

El restablecimiento de estos aranceles responde, según el propio decreto, a un análisis de las presiones inflacionarias actuales y al incremento de importaciones provenientes de países con los que México no mantiene tratados de libre comercio. Las nuevas tasas no se detallan producto por producto, pero el marco general contempla gravámenes que pueden ir de 5 a 50 por ciento, con el objetivo de fortalecer el abasto nacional y dar mayor margen a los productores locales.

Del control de precios al impulso productivo
Desde 2022, estos alimentos habían estado exentos de aranceles como parte de un programa antiinflacionario que buscaba frenar el aumento en los precios de productos básicos. Esa estrategia ayudó a moderar el costo de la canasta alimentaria en un contexto global adverso, pero también incrementó la dependencia de importaciones y presionó a sectores agropecuarios nacionales que compiten con productos más baratos del exterior.

El nuevo enfoque se inscribe en el llamado Plan México, impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, que plantea una mayor articulación entre política industrial, soberanía alimentaria y desarrollo regional. Bajo esta lógica, el regreso de los aranceles busca crear condiciones más equitativas para la producción nacional, incentivar la inversión en el campo y reducir la vulnerabilidad ante choques externos.

Impacto en consumidores y comercio exterior
El decreto aclara que varios alimentos importados, como aves, pescado, huevo, frutas y verduras, seguirán libres de aranceles, lo que atenúa un posible impacto inmediato en el bolsillo de los consumidores. Además, se establecen periodos de transición para importadores con contratos vigentes, permitiendo que algunos eviten el pago de los nuevos gravámenes hasta 2027.

En paralelo, el Congreso aprobó un esquema más amplio de aranceles a productos provenientes de Asia sin acuerdos comerciales con México, alineado con una tendencia internacional de mayor proteccionismo selectivo. En conjunto, estas medidas reabren la discusión sobre el equilibrio entre precios accesibles, producción nacional y dependencia externa, en un país donde la alimentación cruza tanto la economía como la vida diaria de millones de personas.

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