Recesos legislativos: el calendario que cualquier trabajador envidiaría
En México, el Congreso vive con un calendario peculiar: meses de debates a toda velocidad y pausas tan amplias que cualquier trabajador promedio las envidiaría. Oficialmente no son “vacaciones”, pero si alguien ve el calendario legislativo podría pensar lo contrario. Cada año, senadores y diputados suspenden sesiones durante dos recesos que, juntos, suman más de dos meses y medio sin actividad en el pleno. Nada mal para un trabajo que insiste en no llamarle vacaciones a lo que parece exactamente eso.
Recesos que parecen resort, pausas que parecen puente eterno
El primer receso inicia el 16 de diciembre y se extiende hasta el 31 de enero. Justo en temporada de posadas, rosca y cuesta de enero. El segundo receso va del 1 de mayo al 31 de agosto, ese periodo en el que el resto del país batalla con el calor, la inflación y la rutina laboral… mientras en el Congreso las curules descansan silenciosamente.
Eso sí, para que no digan que todo se apaga, entra en escena la Comisión Permanente, una especie de “modo ahorro de energía” del Congreso. Está integrada por 37 legisladores que atienden asuntos urgentes, reciben oficios del Ejecutivo y, en general, mantienen prendida la luz. No legisla como el pleno, pero evita que el Congreso parezca completamente cerrado por temporada.
En 2025, la última sesión antes del receso decembrino será el 13 de diciembre. Apenas termina el año legislativo y, como reloj suizo, se activa el descanso. A estos recesos se suman pausas acordadas internamente, como Semana Santa, cuando en 2025 el Congreso detuvo actividades desde el 14 de abril. En la Cámara de Diputados incluso alargaron el descanso hasta el 21 con el “Día de la Familia”, que ya es tradición. Todo muy institucional, claro.
Vacaciones reales: solo para quienes no son legisladores
Mientras los senadores viven en el calendario de recesos, el personal administrativo sí tiene vacaciones de verdad:
– Personal sindicalizado: 15 días hábiles.
– Trabajadores definitivos, interinos o temporales: 10 días hábiles.
– En varios esquemas internos: dos periodos de 10 días y uno de 5, con incrementos por antigüedad.
Es decir: quienes mantienen funcionando el Congreso tienen vacaciones reguladas; quienes legislan, en cambio, descansan cuando el periodo lo permite, no cuando un contrato lo establece. Otra peculiaridad más del sistema político mexicano.
En la práctica, los senadores pasan más de dos meses y medio al año sin sesiones ordinarias. No es que no trabajen fuera del pleno —cada quien tendrá su ritmo, reuniones, giras o compromisos—, pero el calendario es claro: si no son vacaciones, se parecen muchísimo. Y el país, como siempre, se las arregla para seguir funcionando mientras en San Lázaro y Reforma se baja —por unas semanas— la intensidad legislativa.
