T-MEC y abandono rural: el campo mexicano, la factura oculta del libre comercio
Diversos especialistas y productores coinciden en que el acuerdo ha profundizado las asimetrías estructurales entre México y sus socios del norte. La apertura comercial permitió la entrada masiva de granos y productos agrícolas provenientes de Estados Unidos y Canadá, países que cuentan con fuertes subsidios y mayor desarrollo tecnológico, lo que ha dejado en desventaja a los pequeños y medianos productores mexicanos.
Este escenario ha provocado una creciente dependencia alimentaria. En lugar de fortalecer la autosuficiencia, el país ha transitado hacia un modelo en el que importa buena parte de los alimentos básicos, priorizando la lógica del mercado sobre la producción nacional.
A la par, el debilitamiento del campo no solo es económico, sino también social. La falta de rentabilidad ha impulsado el abandono de tierras, la migración rural y el deterioro de comunidades enteras que históricamente dependían de la actividad agrícola.
El T-MEC, heredero directo del TLCAN, mantiene una lógica que favorece la integración comercial, pero sin resolver las profundas desigualdades entre economías. En ese contexto, el campo mexicano enfrenta una “tormenta perfecta”: competencia internacional, reducción de apoyos, encarecimiento de insumos y condiciones estructurales que limitan su desarrollo.
Lejos de representar un motor de crecimiento para todos, el tratado ha evidenciado una realidad incómoda: el progreso económico de México bajo el libre comercio ha dejado atrás a millones de productores rurales, consolidando un modelo donde el campo no compite, sobrevive.
