IA Y ROBOTS FRENTE AL ALZHEIMER: CUANDO UNA MÁQUINA BUSCA DEVOLVER RECUERDOS 🧠🤖

Una voz artificial que imita a un familiar, un robot que conversa con pacientes y una foca robótica capaz de responder a las caricias forman parte de experimentos que buscan estimular la memoria, reducir la agitación y combatir el aislamiento de personas con Alzheimer.

En Francia, estas tecnologías ya están siendo probadas en residencias y hospitales. El objetivo no es sustituir a médicos, psicólogos o cuidadores, sino convertirse en herramientas complementarias ante una enfermedad que afecta a unos 1.4 millones de personas en ese país.

Una voz artificial para recuperar conversaciones

En una residencia del suroeste francés, una mujer de 83 años con Alzheimer recibe llamadas de Livana, una inteligencia artificial configurada previamente por su familia y una psicóloga.

El sistema utiliza información sobre la vida de cada paciente, como familiares, trabajo, aficiones y recuerdos, para mantener conversaciones personalizadas. En el caso de la mujer, antigua agricultora, los diálogos suelen girar alrededor del campo y los animales.

Las conversaciones duran unos 10 minutos y pueden ayudar a tranquilizar a residentes durante episodios de agitación o a generar interacción cuando el personal enfrenta falta de tiempo. Siete de los 29 pacientes con Alzheimer de la residencia participan en la prueba.

La herramienta también ha sido utilizada con personas que permanecían aisladas. En uno de los casos, un residente que apenas hablaba comenzó a conversar después de recibir el teléfono.

Pero el propio personal establece un límite: la IA no debe reemplazar la relación humana ni al profesional que atiende al paciente.

Robots que estimulan memoria y emociones

En el Hospital Broca de París, investigadores del Broca Living Lab estudian otras posibilidades. Allí, pacientes participan en sesiones con Miroki, un robot humanoide equipado con inteligencia artificial que plantea preguntas y ejercicios destinados a trabajar memoria, atención y lenguaje.

La respuesta depende de cada persona. Una paciente de 72 años logró mantener una conversación fluida con el robot, mientras que otra residente, de 99 años, rechazó interactuar con él porque consideró que tenía las manos demasiado largas.

Sin embargo, aceptó a Paro, una foca robótica terapéutica equipada con sensores que modifican sus movimientos y sonidos según la interacción. Los investigadores señalan que este tipo de robots puede ayudar a calmar, provocar conversaciones y despertar recuerdos.

Los experimentos muestran así una posibilidad concreta: utilizar IA y robótica como apoyo para estimular capacidades cognitivas y reducir momentos de angustia o aislamiento. Pero también plantean una pregunta central ante el envejecimiento de la población y la escasez de personal especializado: hasta dónde puede llegar una máquina sin convertir el cuidado humano en una tarea automatizada.

Los investigadores insisten en que la tecnología debe mantenerse como una herramienta bajo supervisión profesional y no como sustituto de los vínculos entre personas.

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revolucionaguascalientes@gmail.com

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