💍 JAPÓN REVIVE AL CASAMENTERO: LOS JÓVENES HUYEN DE LAS APPS Y PAGAN POR ENCONTRAR PAREJA

Durante años, las aplicaciones de citas parecían destinadas a transformar para siempre la manera de encontrar pareja. Pero en Japón, una parte de los jóvenes está haciendo el camino contrario: cansados del ghosting, los perfiles engañosos y las conversaciones digitales que nunca llegan a una cita, están regresando a una fórmula con siglos de historia: el casamentero.

Las agencias matrimoniales tradicionales registran cifras récord de jóvenes interesados y hasta el metro de Tokio se ha convertido en escaparate de esta tendencia, con anuncios que plantean una idea provocadora: mejor un omiai que 100 swipes.

El omiai tiene profundas raíces en Japón. Durante siglos, familiares, amistades o incluso jefes presentaban a dos personas solteras con la intención de facilitar un matrimonio. La práctica sobrevivió durante la posguerra, pero perdió terreno ante las relaciones espontáneas y, posteriormente, las aplicaciones de citas.

Ahora vuelve, impulsada precisamente por el agotamiento que generan esas plataformas.

Taizen Yasuda, de 28 años, explicó que se cansó de hacer match, conversar durante días y llegar a citas sin saber si la otra persona buscaba una relación seria o algo casual. Por eso decidió pagar una agencia: quería tener la certeza de que ambos compartieran el mismo objetivo, casarse.

🤝 Cupido ahora trabaja con contrato

Una de las empresas que más se ha beneficiado es IBJ, una corporación con sede en Tokio que afirma intervenir en cerca de uno de cada 25 matrimonios celebrados en Japón. En cinco años, su número de miembros aumentó cerca de 50%.

Su modelo convierte el antiguo omiai en un servicio profesionalizado. Un asesor acompaña al cliente durante todo el proceso, desde la primera cita hasta la propuesta, con la promesa de alcanzar ese punto en unos tres meses.

El acompañamiento puede incluir recomendaciones sobre vestimenta, revisión de mensajes antes de enviarlos, sugerencias para elegir lugares de encuentro e incluso simulacros de citas. Los asesores de ambas partes también intercambian impresiones después de cada encuentro para decidir cómo continuar.

Pero encontrar pareja por esta vía no es barato. La inscripción puede superar los mil dólares, a los que se suman mensualidades y unos mil 300 dólares adicionales cuando la pareja formaliza su compromiso.

Además, las reglas son mucho más estrictas que en una aplicación. IBJ puede exigir comprobantes de ingresos, establece límites de edad diferenciados y prohíbe la convivencia o las relaciones sexuales antes del matrimonio, con penalizaciones económicas por incumplimiento.

Los críticos consideran que el modelo transformó una antigua práctica comunitaria en una maquinaria comercial que también puede vender banquetes, paquetes de boda y servicios inmobiliarios.

Todo ocurre mientras Japón enfrenta una profunda crisis demográfica. En un país donde los nacimientos fuera del matrimonio son poco frecuentes, aumentar los matrimonios se considera una vía para intentar frenar el desplome de la población.

En el primer semestre de 2026, los nacimientos aumentaron 0.8% respecto al mismo periodo del año anterior, el primer saldo favorable en 11 años. En medio de ese escenario, algunos jóvenes japoneses están encontrando una solución sorprendentemente antigua para un problema muy moderno: dejar los algoritmos y volver a confiar en una persona de carne y hueso para encontrar pareja.

Compartir

revolucionaguascalientes@gmail.com

No Comments

Leave A Comment