LA ENFERMEDAD DEL OCIO: CUANDO EL CUERPO SE ENFERMA JUSTO EN VACACIONES

No es mala suerte. Ni contagio en el avión. Para miles de personas, la fiebre, el dolor de garganta o la migraña aparecen con una puntualidad sospechosa: el viernes a las 18 horas o el primer día de vacaciones.

La ciencia lo estudia desde hace más de 20 años y lo llama leisure sickness, la enfermedad del ocio.

Un descubrimiento personal

El psicólogo Ad Vingerhoets, de la Universidad de Tilburg (Países Bajos), notó que él mismo solo se enfermaba en Navidad o en fines de semana. Intrigado, junto a su colega Guus Van Heck encuestó a más de 1.800 personas de entre 16 y 87 años. El resultado: alrededor del 3% sufría el fenómeno de forma sistemática.

En su artículo seminal Leisure Sickness: A Biopsychosocial Perspective, publicado en Psychological Topics, los autores definieron el cuadro: personas que se sienten particularmente enfermas y desarrollan síntomas especialmente durante los fines de semana y vacaciones.

Los síntomas no son imaginarios. Van desde cefaleas, fatiga, dolores musculares y náuseas, hasta cuadros gripales y resfríos. En estudios más recientes se han documentado también problemas óticos durante el descanso.

¿Por qué ocurre? Dos mecanismos principales

1. La caída del escudo del estrés:

Durante la semana, el ajetreo y el estrés diario crean una especie de barrera protectora mediante la cual el cerebro ignora las señales del cuerpo. Es en el momento en que se le da un descanso que ese escudo se cae. El cortisol y la adrenalina, que en su justa medida nos mantienen en alerta y suprimen la respuesta inflamatoria, disminuyen bruscamente al relajarnos. «Cuando el cuerpo está sometido a estrés crónico, el sistema inmunológico se mantiene en estado de alerta. Al relajarse, ese sistema baja la guardia y se manifiesta el desgaste acumulado», explica el especialista en metabolismo Hugo Palafox.

Un estudio publicado en European Psychologist agrega que tras un periodo prolongado de hipervigilancia, el sistema nervioso continúa operando en modo alerta aunque el cuerpo ya esté en reposo. Si la transición al descanso no es gradual, el organismo no reconoce que puede relajarse.

2. Un perfil de personalidad:

Los afectados no son aleatorios. Compartían rasgos comunes: personas ambiciosas, competitivas y perfeccionistas en el trabajo y con dificultades para afrontar cambios.

En la práctica clínica, la UNAM observó lo mismo: «Hay gente a la que le angustia el tiempo libre e incluso se ve imposibilitada para planear actividades; el simple hecho de pensar en el ocio genera angustia, trastornos del sueño, enojo o depresión», señaló la académica Eva María Esparza Meza. Se asocia principalmente a individuos obsesivos y perfeccionistas, preocupados en exceso por tener el control. Para ellos, la espontaneidad del ocio es una amenaza, no un premio.

No es un trastorno reconocido, pero sí una señal

La enfermedad del ocio no figura en los manuales diagnósticos. Pero los investigadores advierten que debe tomarse en serio porque deteriora la calidad de vida.

La recomendación de Vingerhoets es paradójica: para no enfermarse en el descanso, hay que hacer una transición. Ejercicio moderado el viernes por la tarde o justo antes de salir de vacaciones para bajar la adrenalina de forma gradual, mantener cierta estructura de sueño los primeros días y aprender a tolerar el tiempo no productivo.

En definitiva, enfermarse en vacaciones no es que tu cuerpo odie descansar. Es que por fin tuvo permiso para decirte cuánto le costó sostenerte.

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revolucionaguascalientes@gmail.com

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