🧂 ¿QUÉ TIENE REALMENTE EL KNORR SUIZA? ESTO LLEVA EL CUBITO QUE USAS PARA TODO 🍲

Ese pequeño cubo que termina en el arroz, las salsas, los chilaquiles y hasta los guisados tiene mucho más que sabor a pollo. Los consomés industrializados combinan sal, grasas, especias, fécula, saborizantes y otros ingredientes para conseguir ese toque intenso que se ha vuelto básico en muchas cocinas mexicanas.

DEL CALDO DE POLLO AL CUBITO 🐔

Knorr nació en Alemania y llegó a México en 1961. Aunque su historia comenzó con sopas deshidratadas, en 1912 apareció el famoso cubo de caldo de pollo.

De acuerdo con la información citada de la Procuraduría Federal del Consumidor, este tipo de productos puede contener saborizantes naturales y artificiales, colorantes, especias, carne y grasa de pollo, sal yodatada, grasas vegetales, glutamato monosódico, fécula de maíz y azúcar.

En el caso de Knorr, entre sus ingredientes aparecen aceite vegetal, fécula de maíz, azúcar añadido, carne y grasa de pollo, cebolla, ajo, pimienta y colorantes naturales como la cúrcuma.

El glutamato monosódico funciona como potenciador del sabor y ayuda a producir ese característico sabor umami.

Pero hay un detalle importante: aunque se utiliza como sustituto del caldo, la cantidad de pollo puede ser pequeña. Un análisis citado de El Poder del Consumidor señala que la proteína del producto no llega al medio gramo por porción.

EL PROBLEMA ESTÁ EN LA SAL 🧂

El principal punto de atención señalado por Profeco es el contenido de sodio. Una taza de caldo preparada con cubos puede aportar 3.43 gramos de sal, mientras la Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos no superen los 5 gramos al día.

Por eso, Profeco recomienda no añadir sal adicional cuando se utilizan estos productos y señala que los cubos industrializados no son recomendables para personas con hipertensión.

¿La alternativa? Preparar un concentrado casero con pollo, zanahoria, papa, calabaza, apio, poro, cebolla, ajo y especias. Se cocina durante varias horas, se licúa y se congela en porciones.

Así, el clásico cubito amarillo puede salir de la despensa y entrar directamente al congelador, pero hecho en casa.

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